Literatura

Imagen frecuente: la de la nave Argos (luminosa y blanca); los argonautas iban reemplazando poco a poco todas sus piezas, de suerte que al fin tuvieron una nave enteramente nueva, sin tener que cambiarle ni el nombre ni la forma. Esa nave Argos es muy útil: proporciona a la alegoría un objeto eminentemente estructural, creado, no por el genio, la inspiración, la determinación, la evolución, sino por dos actos modestos (que no pueden captarse en ninguna mística de la creación): la sustitución (una pieza desplaza a otra, como en un paradigma) y la nominación (el nombre no está vinculado para nada a la estabilidad de las piezas): a fuerza de hacer combinaciones dentro de un mismo nombre, no queda ya nada del origen: Argos es un objeto que no tiene otra causa que su nombre, u otra identidad que su forma.

Otro Argos: tengo dos espacios de trabajo, uno en París y el otro en el campo. Del uno al otro no hay ningún objeto en común, pues no se transporta nunca nada. Sin embargo, los dos lugares son idénticos. ¿Por qué? Porque la disposición de los útiles (papel, plumas, pupitres, relojes, ceniceros) es la misma: es la estructura del espacio lo que configura su identidad. Este fenómeno privado bastaría para esclarecer el estructuralismo: el sistema prevalece sobre el ser de los objetos (Barthes, 1978:50-51).

Barthes, Roland (1978). Roland Barthes por Roland Barthes. Barcelona, Editorial Kairós.

Tzvetan Todorov

Cuando el crítico haya dicho todo sobre un texto literario, no habrá aún dicho nada; pues la definición misma de la literatura implica no poder hablar de ella.

Introducción a la Literatura fantástica







La libertad, el sexo y la revolución

Ayer conocí a un joven. Tenía veintitantos, manejaba un Uber.

El joven estaba convencido de que participaba de una verdadera revolución, algo nuevo, que cambiaba a la humanidad: la revolución de la libertad sexual. Estaba emocionado.

Le pregunté si había leído El banquete de Platón, pero no lo conocía. Había escuchado que Platón era un filósofo, pero nada más. Tampoco conocía El satiricón de Petronio, pensaba que era una revista. Alguna vez había escuchado de Oscar Wilde, pero no sabía ni que era escritor, ni qué había escrito.

El jóven se sorprendió mucho cuando supo que los gays no eran una novedad del siglo XX. El pensaba que nunca antes habían existido. No sabía que había homosexsuales en Grecia, y en Roma, y en casi todos los tiempos que desde entonces. A veces bien vistos, a veces mal vistos.

Tempoco sabía que la homosexualidad se permitía en las cruzadas, ni que era condenada en la época de la Inquisición. Que las orgías eran comunes en el Imperio Romano, y en el Renacimiento, y en la época de los Dandys.

El jóven no sabía.

Siempre hubo homosexuales, y a veces también hubo cobardes que los persiguieron. La plurisexualidad actual es más bien una moda que una revolución.

También, siempre hubo ignorantes, y monstruos empecinados en que nunca se acaben. Ignorantes convencidos que la única forma de dirigir y liderar es conseguir que todos los demás sean más ignorantes aún que ellos; convertirlos en una masa de músculo sin cerebro. Gente que no cree en brillar, sino en opacar a los de al lado.

La revolución sería que no hubiera ignorantes.

ESA sería, por primera vez, un verdadera revolución.