La libertad, el sexo y la revolución

Ayer conocí a un joven. Tenía veintitantos, manejaba un Uber.

El joven estaba convencido de que participaba de una verdadera revolución, algo nuevo, que cambiaba a la humanidad: la revolución de la libertad sexual. Estaba emocionado.

Le pregunté si había leído El banquete de Platón, pero no lo conocía. Había escuchado que Platón era un filósofo, pero nada más. Tampoco conocía El satiricón de Petronio, pensaba que era una revista. Alguna vez había escuchado de Oscar Wilde, pero no sabía ni que era escritor, ni qué había escrito.

El jóven se sorprendió mucho cuando supo que los gays no eran una novedad del siglo XX. El pensaba que nunca antes habían existido. No sabía que había homosexsuales en Grecia, y en Roma, y en casi todos los tiempos que desde entonces. A veces bien vistos, a veces mal vistos.

Tempoco sabía que la homosexualidad se permitía en las cruzadas, ni que era condenada en la época de la Inquisición. Que las orgías eran comunes en el Imperio Romano, y en el Renacimiento, y en la época de los Dandys.

El jóven no sabía.

Siempre hubo homosexuales, y a veces también hubo cobardes que los persiguieron. La plurisexualidad actual es más bien una moda que una revolución.

También, siempre hubo ignorantes, y monstruos empecinados en que nunca se acaben. Ignorantes convencidos que la única forma de dirigir y liderar es conseguir que todos los demás sean más ignorantes aún que ellos; convertirlos en una masa de músculo sin cerebro. Gente que no cree en brillar, sino en opacar a los de al lado.

La revolución sería que no hubiera ignorantes.

ESA sería, por primera vez, un verdadera revolución.

Deja un comentario